No es sorpresa que, en los escenarios
actuales de robos masivos de datos, hacktivistas y “ciberterrorismo”,
las instituciones educativas mundiales hayan tomado un participación
activa en las capacitaciones formales de individuos con destrezas de
hacking en el área informática. Hoy, ya son cientos las universidades que ofrecen cursos de formación profesional enfocados al “hacking ético”. Sin embargo, aún tenemos pendiente la discusión e incorporación (en algunos casos) de materias sobre aspectos de ética, de responsabilidad social y corporativa y de comportamiento ético en sistemas computadorizados de información.
La realidad es que muchos programas
profesionales de certificación en hacking ético no tratan el tema de la
ética con la seriedad y profundidad que debieran. Para muchos de estos
estudiantes hackear se ha convertido en una norma, nada fuera de lo
común. Microsoft, por ejemplo, solicitó a varias universidades alrededor
del orbe a que enseñaran a sus alumnos a hackear, con el propósito de
que detectaran problemas en el diseño de software y alertaran sobre la
existencia de posibles “bugs” o vulnerabilidades.
De igual modo, la agencia Homeland
Security del gobierno estadounidense recientemente lanzó una competencia
llamada US Cyber Challenge, en la que estudiantes de escuela primaria y
superior podrán competir en diversas categorías de hacking, el objetivo
detrás de la contienda es permitir al gobierno detectar a nuevos
jóvenes talentosos para adiestrarlos en seguridad IT. El problema es que
muchas de estas iniciativas carecen de bases y fundamentos alrededor de
la ética por lo que existe la posibilidad de que muchos de estos
futuros profesionales no entiendan las implicaciones de sus acciones o,
en el peor de los casos, se terminan formando parte del problema más que
de la solución.
Es claro que, en términos de enseñanza
las universidades mundiales tienen ante si la responsabilidad de
capacitar individuos en el área de ciberseguridad con principios éticos y
de buen comportamiento. Individuos que se mantengan en las esferas del
“mundo bueno” y no se vean tentados por las “fuerzas del mal” y grupos
extremistas cuyo fin es el cibercrimen.
Como profesional en el área de seguridad
IT y profesora, me he encontrado en situaciones en donde es necesario
traer a discusión casos reales de ética en informática para educar,
capacitar y empoderar a los estudiantes sobre la responsabilidad que
conlleva el manejo de ataques de vulnerabilidad y su responsabilidad
como usuarios y administradores de tecnologías. Es imperativo dialogar
sobre las implicaciones éticas del hacking, así como establecer modelos y
marcos de referencia para ser exitosos y proteger a las empresas que,
eventualmente requerirán del servicio y talento de estos jóvenes.
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